Si Jes�s no tuviese confianza en la
regeneraci�n de los hombres y en el perfeccionamiento del mundo, naturalmente,
no habr�a venido al encuentro de las criaturas y no habr�a caminado en los
oscuros caminos de la Tierra.
Por eso, no
podemos perder la esperanza y no nos cabe el des�nimo, delante de las peque�as y
benditas luchas que el Cielo nos concedi�, entre las sombras de las humanas
experiencias.
De la escuela del mundo surgieron
diplomados en santificaci�n, esp�ritus sublimes, que hoy se constituyen en
benditos patrones de la evoluci�n terrestre.
No nos compete menospreciar el plano de
aprendizaje que nos alimenta y nos abriga, que nos instruye y nos perfecciona.
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Si el mejor no auxilia al peor, en
vano aguardaremos la mejor�a de la vida.
Si el bueno desampara al malo, la
fraternidad no pasar�a de mera ilusi�n.
Si el sabio no ayuda al ignorante, la
educaci�n redundar�a en mentira peligrosa.
Si el humilde huye del orgulloso, surgir�a
el amor como vocablo in�til.
Si el aprendiz de la gentileza menoscaba al
prisionero de la impulsividad, el desequilibrio comandar�a la existencia.
Si la virtud no socorre a las v�ctimas del
vicio y si el bien no se dispone a salvar a cuantos se arrojan a los
despe�aderos del mal, de nada servir�a la pr�dica evang�lica en el campo del
trabajo que la Providencia Divina nos confi�.
El Maestro no era
del mundo, pero vino hasta nosotros para la redenci�n del mundo. Sab�a que sus
disc�pulos no pertenec�an al acervo moral de la Tierra, pero los envi� a
convivir con los hombres para que los hombres se transformasen en servidores
devotos del bien, convirtiendo al Planeta en su reino de Luz.
El cristiano que huye al contacto con el
mundo, con el pretexto de resguardarse contra el pecado, es una flor parasitaria
e improductiva en el �rbol del Evangelio, y el Se�or, lejos de solicitar
ornamentos para su obra, espera trabajadores abnegados y fieles que se dispongan
a remover el suelo con paciencia, buena voluntad y coraje, a fin de que la
Tierra se habilite para la siembra renovadora del gran Ma�ana.


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